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Reaparezco después de una semana con el stress de quién dedica 7 días completos a buscar respuestas. Esta vez, sin pretensión de hablaros de moda, ni de enseñaros nuevos outfits…hoy, aquí, mi única inquietud es compartir con todas vosotras la duda de si se conoce o no el resultado a la ecuación más planteada entre el género femenino. CONCILIACIÓN, ¿se puede? ¿se quiere? ¿sabemos cómo se consigue o estamos hablando de una utopía?

Os contaré lo que mi experiencia me dice y escribiré aquello que el sentido común me dicta …aunque ello no sea garantía alguna de estar en posesión de la verdad.

Ahora que soy madre de 2 niños muy niños!! Movidos e inquietos, y que la palabreja TDHA se ha colado en mi vocabulario cotidiano sin pedir permiso, me reafirmo en pensar (y también en creer) que aquello que yo poseo y de lo que, curiosamente, siempre me sentí orgullosa, es hoy uno de los trastornos más diagnosticados entre la población infantil y un gran problema para el desarrollo y el aprendizaje de los niños y para las familias y su convivencia.

TDHA (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) o lo que en nuestros tiempos era entendido como ser nerviosilla, inquieta o incluso, si pretendemos darle una connotación positiva, rápida de mente y multitask.

Sí, me reconozco inquieta, me gusta poder hacer 1000 cosas a la vez y confieso que necesito esa adrenalina que se desprende de estar continuamente en activo. Muchos creen que sólo es posible a una cierta edad o en unas circunstancias determinadas, pero yo estoy convencida de que es una cuestión de carácter y que difícilmente se puede educar o corregir.

Renunciar a ello, a ese ritmo, te hace sentir incompleta, te hace sentir que el tiempo se va y que hay tantas y tantas cosas por devorar en este mundo, tanto y tanto por aprender, …, que dejar escapar una oportunidad tal que ésta, resultaría un acto de inconsciencia.

Y así, ante esa actitud (o quizás por culpa de esas actitud) una es capaz de llevar adelante trabajo, familia, ocio, hobbies. Puede cuidar de los demás y cuidarse, cultivarse, reciclarse, sentirse satisfecha y feliz por haber llegado a todo. Una es capaz de CONCILIAR con las múltiples demandas a las que estamos sometidas, y lo que para algunos resulta un problema de bata blanca, para otros es sencillamente una necesidad para poder afrontar todos los retos y necesidades.

Sí, es cierto. Nos encontramos en un momento en el que compartir responsabilidades con nuestros conyugues es más habitual que hace unos años, pero, ¿Nos permite eso relajarnos antes la necesidad de estar continuamente pendientes de las exigencias familiares, laborales o logísticas? No. Yo creo que no. Honestamente, creo que la solución únicamente pasa por mantener una carrera de fondo constante -con algún que otro sprint- y buscar un equilibrio digno de las más habilidosas. Sostener un equilibrio demasiado exacto, sin cabida a los errores. Prueba a poner un gramo más de la cuenta en cualquiera de las balanzas…y llegará el desastre!

Un proyecto laboral, una reciente maternidad, un mal momento económico, una enfermedad (propia o ajena)…cualquier cambio en esa rutina perfectamente calculada y estable conseguirá que, como si de un efecto dominó se tratase, todo se desmorone y se resienta.

Recuerdo a menudo ese dicho que resume cómo debería ser una perfecta mujer…una ama de casa, una señora en la calle y en la cama…Y a eso, permitirme añadirle: pensar como un hombre en el trabajo, lucir como las modelos que ellos miran, cuidar a nuestros padres como lo harían nuestras madres y a nuestros maridos como lo harían las suyas, ser tan divertidas y espontaneas como aquellas que no tienen responsabilidades pero tener el suficiente sentido común para atender las que si se tienen. Y todo ello no nos eximen de que, cuando una es recién madre y se vuelca con el bebé…pierde puntos como esposa!  Y si la mujer se vuelca en un proyecto profesional para triunfar y está menos tiempo en casa…pierde puntos como madre! Y si lo manda todo al cuerno y pasa de la casa, se muestra divertida, despreocupada y amante permanentemente disponible…suele ocurrir que ni se cena, ni se compra, ni se….y la suegra acaba criticándote!

En definitiva, la duda sigue persiguiéndome sin haber encontrado (aún) respuesta. ¿Conciliar? ¿Es posible? ¿Es posible hacerlo con cierta calidad? ¿Es lícito dejarnos la piel y vivir por y para demostrar que somos capaces? ¿Es lógico pasarnos la vida entera ante la estúpida búsqueda de una perfección que ni nos pertenece, ni existe?

Cuantos más años tengo, más me acuerdo de mi madre, porque en su mayoría, las madres siempre lo conseguían todo. Y una se pregunta…¿a costa de qué? Y creo que, por primera vez, empiezo a entenderla. A costa de una misma.

Quizás mis hijos tampoco se den cuenta y crean que mamá es absolutamente perfecta.

Dime. ¿Cuál es tu secreto para conseguirlo?

Yours, April

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