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Capítulo Sexto

Entre Sophie y Lucia existía una química especial.

Sophie era una mujer muy bella. Frágil y delicada en su aspecto, aunque fuerte en realidad. El hecho de que constantemente hubiese cambiado de país de residencia le ot otorgaba un saber y una capacidad de adaptación enorme pero, de la misma manera, le había impedido mantener relaciones duraderas. La suya con Lucia, era una amistad intensa, de las que sobreviven a las distancias.

Tenía el cabello cobrizo y la piel muy blanca, como aquellas mujeres de clase alta del siglo XIX. Vestía habitualmente de manera cómoda pero elegante, con un punto “chic” muy francés, y tenía unos enormes ojos de color azul a los que era imposible escapar.

Su mirada era limpia, franca y sincera y a pesar de que su aspecto era distante, derrochaba sensibilidad y generosidad desde un sentido común  que era muy superior al esperado en alguien de su edad.

Sophie era responsable del departamento de Relaciones Internacionales de una importante ONG y ello le permitía viajar mucho. Por supuesto, su absoluto dominio de 5 idiomas y la experiencia de haber vivido en tantos países, le daban la preparación necesaria para ser muy buena en su trabajo, y extremadamente solidaria y consciente de  la búsqueda de un mundo mejor.

Caminaron entusiasmadas hacia el tren. Tomaron el  S-Bahn dirección al centro de Berlín y Lucia tuvo la oportunidad de empezar a conocer el aspecto de la gente Berlinesa. Aquello le gustaba. Estaban tan emocionadas que las ideas iban amontonándose en sus labios con ansiedad y a un ritmo frenético, impacientes por poder vivirse y compartirse. Tenían 6 meses por delante para compartir horas y confidencias pero era tanto lo que habían esperado que hubiera sido necesaria una de las listas de Lucia para ejercer de guión de la escena y no perder ninguna de las cosas que tenían que contarse.

Punto de destino: Hackescher Markt, situado entre Mitte y Friedrichstain. Un barrio bohemio y repleto de pequeños rincones con mucho encanto, cerca de la isla de los Museos.

Lucia no conocía Berlín pero había intentado leer algo acerca de la ciudad que iba a acogerla durante los próximos meses. Sabía que era un lugar maravilloso pero no había tenido nunca la oportunidad de ir antes, y sabía también que el clima era muy distinto del de Barcelona. Hacía frío, mucho frío. A puertas del mes de Diciembre por un momento intentó imaginarse cómo sería allí el invierno de verdad, y un escalofrío le recorrió el cuerpo sólo de pensarlo.

El color del cielo era diferente. Siempre lo es. Lucia pensó en el cielo de Londres, con esa composición de pequeñas nubes de algodón y  un volumen que jamás en otra ciudad había observado. O en el cielo de Nueva York,, tan inmenso y tan protegido por los rascacielos, lo comparó con el cielo de la Cerdaña en la noche, repleto de estrellas que pueden tocarse con la mano…Definitivamente el cielo era diferente en todos los lugares del mundo y Berlín, no se escapaba de su observación y juicio.

Tras ese momento de contemplación, Sophie tiró del brazo de Lucia para animarla a seguir caminando.

– Vamos o me quedaré helada en mitad de la calle.

– Es fantástico Sophie – le dijo Lucia mientras seguía con la mirada memorizando y captando hasta el último detalle de su entorno.

– Sí. Lo cierto es que es una ciudad que te atrapa. No se bién por qué pero  es un lugar que te hace suya desde el primer momento, dime, ¿no tienes la sensación de estar como en casa? – le preguntó con sus ojos azules muy abiertos.

– Exacto. Esa es la sensación que tengo. Es como si antes ya hubiera estado aquí. No se si es porque estoy contigo pero no me siento nada extraña.

– Eso es bueno Luchi! – sonrió Sophie.

Y en esa amplia sonrisa no pudo evitar mostrar toda la felicidad que sentía.

Durante el trayecto habían hablado de cosas importantes. Sus padres, el trabajo, la beca…ya tendrían tiempo de abordar temas más íntimos cuando hubieran dejado el equipaje y tuvieran una buena copa de vino delante y todo el tiempo del mundo.

– Ven, es aquí.

La portería era, como toda la zona donde estaba el apartamento, muy peculiar. Había edificios de estética comunista, fábricas que habían sido reconvertidas en estudio de arte, y del interior de las viviendas, se adivinaban ambientes cálidos y acogedores.

– La gente aquí, en Berlín, sale mucho. Hay mucha gente joven en este barrio, pero las casas suelen ser muy acogedoras. Es por el frío. – y mientras le decía bromeó con un escalofrío.

A pesar de ser un barrio alternativo y moderno, la finca donde vivía Sophie era elegante. Lucia no esperaba menos, su familia era una familia bien posicionada y el trabajo que tenía Sophie, a pesar de ser una ONG, era un trabajo bien remunerado.

Subieron unas escaleras antiguas que les llevaron al segundo piso, y Sophie abrió la puerta dejando pasar a Lucia delante de ella.

– ¡Welcome Home!- dijo con un gesto de cortesía.

Lucia no pudo más que sonreír. Aquel apartamento era precioso. Madera en el suelo, columnas blancas, un gran sofá y espacios diáfanos y amplios.

– Uauuuuu! Sophie. ¡Esto es precioso!

– Esto es tu casa querida Lucia. Ojala no lo fuese sólo por 6 meses – le dijo mientras un pequeño gesto de nostalgia invadía su rostro.

– Sophieeeee! Noooo ¡por favor! No me hagas esto. No nos pongamos tristes. Vamos a pasarlo muy bien y…quién sabe! Quizás encuentro a un alemán guapísimo que me roba el corazón y me hace quedar aquí para siempre.

– Bromea, bromea- le dijo Sophie. Ya te he preparado plan para esta misma noche.

En ese momento, a la mente de Lucia volvió el recuerdo de Mario.         

-¿Quién demonios es este chico misterioso? – pensó fugazmente. El hecho de haberle visto en aquel coche cambiaba todas las suposiciones que se había hecho y sobretodo, todas las impresiones que había  tenido de él durante el vuelo.

– ¡Lucia! ¡Vuelve aquí!- y con un grito divertido Sophie rescató de sus pensamientos a Lucia.

– Si claro. Perdona. Estaba pensando en mis cosas…

Y como si de un espejo se tratase, en el rostro de Sophie se reflejaron los pensamientos de Lucia. La situación concluyó con una sonrisa de complicidad que ambas se regalaron.

-Ven, te enseñaré tu habitación y el resto del apartamento.

Sophie había dispuesto, dulcemente, toallas limpias, una colcha hecha de patchwork  en tonos beiges, naranjas y crudos y un jarrón con flores. Liliums blancos. Sus preferidas.

– Ohhh, ¡querida! Tú siempre tan amable y tan detallista.

 – De acuerdo, en una hora salimos a cenar – le dijo. Date una ducha y ponte guapa. Si quieres podemos dejar el equipaje para mañana.

– Pero…¿crees que es buena idea salir hoy?

– Lo es Lucia. Lo es si no quieres morir de hambre- bromeó.

– ¡A sus ordenes!- y con un gesto de obediencia absoluta y una amplia sonrisa se dispuso a dejar sus maletas sobre un banco de madera decapada que había justo delante de la cama de matrimonio.

Lucia hizo un repaso rápido de lo que había echado en su maleta. Hacía frío así que, no dudó en ponerse algo de ropa cómodo y sobretodo, calentito. Lucia era extremadamente friolera. No era capaz de pensar si sentía frío y cuando lo sentía, el mal humor se apoderaba de ella sin poder controlarlo, así que, si tenía que conocer a los amigos de Sophie, no era buen plan mostrarse antipática y malhumorada.

Optó por unos vaqueros ajustados y oscuros, un jersey de lana  amplio y largo y unas botas nuevas de color camel de media caña. Se recogió el pelo con una coleta y se maquilló ligeramente. Lo suficiente para ocultar los rasgos de cansancio que le había causado el viaje y los nervios del traslado.

Frente al espejo, miró su imagen. 

Indudablemente la belleza es algo que se genera dentro de nosotros. – pensó.

Nadie que no es feliz puede mostrarse bello y Lucia, esa noche, se sentía feliz y por ello, irradiaba belleza.

Cogió un bolso pequeño negro con tachuelas y una carabela de Alexander Mcqueen y metió dentro dinero, su tarjeta de crédito, el móvil y un paquete de tabaco.

– Tengo que dejar de fumar- pensó.

 Pero mientras lo pensaba cayó en la cuenta de que necesitaba más que nunca un cigarrillo.

Abrió la puerta de su habitación y se dirigió al comedor. Allí estaba Sophie, guapísima y lista para enseñarle la ciudad nocturna de Berlín.

– ¿Lista my darling?- le dijo.

– !Lista!

Y con aire decidido bajaron las escaleras para dirigirse a cenar algo.

Al llegar a la calle la temperatura había bajado unos cuantos grados. Ahora empezaba a entender cuando la gente le advertía. Tomaron un taxi.

–  Köpenicker Strasse, Spinderklatt bitte.

– Gut

En ese instante sonó la alarma de un nuevo mensaje en la BB de Lucia. Ella mostró cara de sorpresa y Sophie, mirándola intrigada le preguntó:

– ¿Todo bien?

– Ehhh, sí. Creo.

– ¿No será tu amigo el del avión? Ese del que aún tienes que contarme y que ha hecho que no borres la sonrisa de los labios desde que aterrizaste.

– Ehhh. No. Es un e-mail de André.

Y a Sophie mostró un gesto de sorpresa a la vez que de satisfacción.

– Bien. Buen comienzo.

Era 26 de Noviembre del 2002. La aventura de Lucia acababa de empezar.

Continuará….

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