Etiquetas

, ,

Capítulo Quinto

Antes de que volvieran a hablarse de nuevo se hizo un silencio. Un silencio dulce repleto de pensamientos y de planes para Lucia. Había olvidado sus nervios respecto a Berlín, su entusiasmo de volver a ver de nuevo a Sophie –su gran amiga-, su nostalgia de dejar Barcelona por unos meses. Había cambiado todas esas sensaciones por una nueva, desconocida y asombrosamente fascinante, y aprovechó ese silencio que se había producido entre Mario y ella, para recrearse en lo que aquella situación le provocaba.

-¡Vamos a por todas! – se dijo a si misma. Y buscó en su escaso repertorio la frase adecuada para abordar ese silencio con el suficiente ingenio.

-¿Trabajo o placer? – Y así, replicando su pregunta, pretendiendo reproducir la misma sensualidad que había captado de sus labios cuando él preguntó y con una media sonrisa de absoluta complicidad, esperó su reacción.

Mario le miró entendiendo el juego que ella había iniciado. Ya no se trataba de algo casual, ahora los dos habían decidido hablar el mismo lenguaje aunque, Lucia desconocía, que Mario era mucho más bueno que ella en esos menesteres.

-Ambos. Espetó con una respuesta breve y acompañado de una tímida sonrisa cargada de intención.

-¿Ambos? – pensó ella. ¿Qué demonios querrá decir con A-M-B-O-S? Ambos podría ser que trabajara allí y viviera allí también. Quizás estaba casado con una alemana y había ido a visitar a sus padres a Barcelona…..por eso regresaba a Berlín donde vivía….o quizás vivía en Barcelona pero iba por trabajo a Alemania y allí conocía a una guapísima rubia que haría que su viaje no fuese exclusivamente de trabajo….mmmm……

-¿Por qué siempre aparece una mujer en mis suposiciones?- se preguntó a si misma Lucia.

Tal vez no podía creer que alguien tan atractivo como él no tuviese pareja. Se dispuso a volver a preguntar. De hecho, él le había dejado la puerta abierta para que lo hiciera con aquella respuesta tan ambigua.

-¿Ambos? – Siempre es interesante poder combinar trabajo y placer. Si uno no disfruta trabajando, la vida es mucho más aburrida, ¿no es cierto?

-Lo es. Pienso exactamente igual que tu. – y con su respuesta evadiendo cualquier intención parecía que la tensión iba deshaciéndose.

Un par de sorbos más de vino, y pronto la conversación fue volviéndose más relajada, cómoda, casi íntima. No por el contenido sino por la textura del momento. Cálida y fluyendo como si toda la vida hubieran charlado.

Los ojos de Mario miraban a Lucia fijamente cada vez que ella, entusiasmada, le explicaba algo.

-Sophie es mi mejor amiga – le contaba Lucia a Mario mientras hablaban de si viaje a Berlín. Su padre es diplomático y ella siempre ha estado viajando de aquí para allá. Fijó su residencia durante muchos años en Barcelona y así es como ella y yo nos conocimos. Ella es francesa pero tiene alma de española y, su padre, ¡su padre es de todas partes!

– ¿Así que vas a quedarte todo este tiempo con ella en Berlín?

– Sí. Estoy loca por verla. Hace mucho que no nos vemos y tengo tanto que contarle….

– ¿Le contarás un chico indiscreto no te ha dejado descansar durante el vuelo?

Lucia volvió a sentir ese escalofrió por la espalda que ya reconocía como habitual cada vez que Mario le hablaba con ese tono seductor. Ese que le hacia nublar su capacidad de contestar espontáneamente y que la paralizaba los músculos de la lengua.

– Le diré que he conocido a alguien…pero que es como si ese alguien hubiera estado siempre ahí.

-¿eso crees? ¿Así es como te sientes Lucia?- preguntó él misterioso.

– Lucia bajó la mirada. Entrelazó sus manos en un gesto de nerviosismo y volvió a levantar la mirada para contestar. Pero no pudo y de nuevo, un silencio repleto de respuestas invisibles contestó a su pregunta. No hacía falta responder.

Buenas tardes señoras y señores pasajeros. Dentro de unos momentos tomaremos tierra en el aeropuerto de Schönefeld. La temperatura allí es de 2 grados pero el tiempo es tranquilo. Asegúrense que el respaldo de su asiento está en posición vertical, el cinturón abrochado y su mesa sujeta. El comandante y toda la tripulación esperan hayan tenido un vuelo agradable y confían en verles nuevamente a bordo. Muchas gracias.

Ohhh no! Estamos a punto de llegar- pensó Lucia.

Ni siquiera había podido averiguar dónde iba a hospedarse, ni si iba a estar muchos días. Sin darse cuenta, toda la conversación había girado en torno a ella. Necesitaba saber si podría volver a contactarle.

-¿Vas a quedarte muchos días? – preguntó Lucia.

-No lo se con exactitud. Depende de como vayan las reuniones y los compromisos que tengo.

-Vaya! ¿Siempre eres tan ambiguo en tus respuestas?- le preguntó ella sintiendo un ligero rubor que alcanzaba sus mejillas.

-No. Siempre no. Sólo a veces – sonrió, siendo muy consciente de que ese juego estaba empezando a poner nerviosa a Lucia.

-Lucia – y se giró para mirarla mientras le decía- Berlín no es tan grande. Tienes que confiar en el destino. ¿Crees en el destino?

– ¿El destino?- y sus cejas se arquearon en un signo de interrogación- No. Sí. ¡No sé!. Nunca antes me lo había planteado.

– Pues hoy es el primer día en el que vas a empezar a creer – le dijo Mario.

Durante los momentos en los que el avión tomaba tierra el silencio volvió a apoderarse de la situación, y Lucia aprovechó ese silencio para poner en orden todo cuanto había ocurrido. Iba a considerar ese vuelo como una dulce aventura que, muy probablemente, no iba a tener continuidad.

Así lo entendía ella porque Mario no estaba por la labor de facilitar un contacto posterior ni de quedar con ella en Berlín. Estaba claro que tenia a alguien esperándole allí y que no tenia más intenciones que la de haber pasado un rato agradable. Era un seductor, es cierto, pero eso no implicaba que pretendiera nada con ella. Mario pertenecía a esa tribu de hombres capaces de seducir a las piedras. Era parte de su personalidad. Era ese tipo de hombres que inunda una estancia cuando entran en ella. Que tienen un magnetismo muy particular y que además, lo saben. Pero eso estaba muy lejos de considerar que, después de las más de dos horas que habían compartido, hubiera alguna intención por parte de él.

Lucia recordó entonces las palabras de su amiga Sophie cuando ante situaciones parecidas le preguntaba:

– No pienses en que pretende y quiere él. Piensa en ¿qué quieres o esperas tu?

Pero Lucia no estaba preparada para responderse a si misma esa pregunta, así que, aceptó que una vez aterrizado el avión, Mario saldría de su vida para siempre.

– Dieser süße Fahrt kam zu einem Ende – susurró Mario en un alemán con acento perfecto.

– Lo siento…vas a tener que traducirme porque no soy capaz de entenderte, aún.

– Nada importante. Hablaba conmigo mismo – dijo Mario.

Mario alcanzó a coger el bolso de Lucia y se lo dio.

– ¿Siempre llevas el bolso abierto?- le preguntó para distraer su atención acerca de lo que acababa de decir.

– Sí. Es una malísima costumbre.

-¡Ten cuidado! – podrían robarte…..

Lucia le regaló una de sus mejores sonrisas esperando que Mario la guardara para siempre. Mientras el resto de pasajeros iban saliendo, en el mundo de Lucia imperaba un sentimiento de nostalgia.

Caminaron juntos hasta la cinta de recogida de equipajes y esperaron a que sus maletas salieran.

-¡Por fin! – Ahí está – dijo Lucia con cierto alivio al ver su maleta y tener la seguridad de que no se había extraviado su equipaje.

– Permíteme- le dijo Mario mientras cargaba con su maleta. !Aquí está! ¿Vamos?– le sugirió Mario.

– ¿Y la tuya?

– Yo no he facturado equipaje Lucia.

Lucia se extrañó y no pudo evitar preguntar. Posiblemente esperaba una respuesta que le devolviera la esperanza de pensar que Mario iba a pedirle una cita.

– Y si no tienes equipaje, ¿Por qué has venido hasta la cinta de recogida de equipajes? – le preguntó en un tono entre sarcástico y dubitativo.

-Porque soy un caballero, aunque es normal que eso tu aun no lo sepas. Y porque, sencillamente, me apetecía acompañarte.

Lucia no pudo más que sonreír.

– Vamos entonces. Ya tengo mi maleta.

Caminaron juntos hasta salir del interior del aeropuerto. Lucia mantenía la duda de quien le podría haber venido a buscar. Tal vez así tendría más información de quien era y de a que se dedicaba.

Se abrió la puerta de “llegadas” y entre cientos de personas, la sonrisa de Sophie destacaba por encima de cualquier imagen.

Estaba bellísima y feliz de rencontrarse con Lucia. Ninguna de las dos fue capaz de contener el entusiasmo y en un arranque de espontaneidad, Lucia soltó el abrigo y corrió en busca de Sophie, dejando a Mario con su maleta en mitad del pasillo.

Se abrazaron durante unos minutos y se besaron con fuerza. Había, entre Sophie y Lucia, una química especial y era fácil adivinarlo tan solo con observar la imagen del rencuentro

Cuando por fin Lucia logró superar ese momento de entusiasmo, cayó en la cuenta de Mario.

Estaba a tres metros de ellas. Atento, contemplativo y inmóvil. Observando el interior de Lucia, en un intento de absorber de ella y de su actuación, hasta la última gota de sentimiento que era capaz de regalar. Le desbordó la pasión con la que Lucia era capaz de mostrarse.

Lucia miró a Sophie en un gesto de complicidad digna de buenas amigas y con una mirada le pidió un minuto. Se acercó a Mario y le miró con una gran sonrisa en los labios.

-¿Feliz?- le preguntó él mientras con sus dedos recogía el resto de una de sus lágrimas.

-¡Mucho!- pero el gesto de Mario al rozar su cara le intimidó y le devolvió a su timidez.

-Me alegro. Ya sabes…..el destino. Es el responsable de que hoy te hayas encontrado con Sophie.

-¿Te veré?- susurró Lucia con un hilo de voz.

-Nunca se sabe Lucia. Las cosas no son siempre fáciles.

Lucia tomó su respuesta como un claro no, pero aun así, no sintió la tristeza de una despedida.

Se acercó y le dio dos besos. Mientras él, tomo su cabeza con las dos manos y mientras le dabas dos besos, acarició su pelo con las dedos.

Lucia volvió a sentir una corriente eléctrica que explicaba muchas cosas.

– Cuídate mucho Lucia Álvarez.

-¡Lo haré!

Y así, con la sensación del calor de sus manos aun en su cuerpo y con una sonrisa arrebatadora, se alejó de Lucia camino a la puerta de salida.

-¿Vas a explicarme que está pasando aquí Luchi? – Sophie, sonriendo, no podía creer lo que acababa de ver.

-Bueno….vas a tener que esperar a que me reponga – le contestó Lucia sonriendo.

Salieron juntas hacia la calle y caminaron dirección a la estación de tren. Cuando iban por la pasarela que conecta el aeropuerto a la estación, Lucia sintió la necesidad de girarse. Una especie de fuerza la atrajo de nuevo a mirar a la puerta del aeropuerto sin motivo alguno, y al girarse, le vió. Allí estaba él de nuevo. De pie, elegante, lleno de intrigas, mirando hacia el interior del aeropuerto mientras sujetaba abierta la puerta de un coche negro de lujo, y a punto entrar.

-Pero…!caray! ¿Mario era un tipo rico?- pensó mientras miraba el coche al que estaba a punto de subir – Y no entendió nada.

– ¿Qué ocurre Lucia? – le preguntó Sophie al ver su gesto de sorpresa.

– Nada, nada….. El tipo con el que he estado hablando…..que nada es nunca lo que parece Sophie.

Y así, pensando en él, con la intriga de lo que acababa de ver, se dispuso a entregarse a la aventura Berlinesa y a su nueva vida que acababa de empezar, pero sin dejar de pensar en él.

Continuará….

Anuncios