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Capítulo Cuarto

Buenos tardes señores pasajeros. El comandante y todos nosotros les damos las gracias por elegir este vuelo de la compañía Iberia con destino Berlín. La duración estimada del vuelo será de 2 horas y media.  Por motivos de seguridad y para evitar interferencias con los instrumentos de vuelo, les recordamos que los teléfonos móviles deberán permanecer desconectados desde el cierre de puertas y hasta su apertura en el aeropuerto de destino. Los dispositivos electrónicos portátiles podrán utilizarse cuando se apague la señal luminosa de cinturones, previa consulta a la tripulación. Les rogamos guarden todo su equipaje de mano en los compartimentos superiores o debajo del asiento delantero, dejando despejados el pasillo y las salidas de emergencia. Ahora por favor, abróchense el cinturón de seguridad, mantengan el respaldo de su asiento en posición vertical y su mesita plegada. Les recordamos que no está permitido fumar en el avión. Gracias por su atención y feliz vuelo.

-¡Siempre me pongo un poco nervioso en este momento! – dijo, interrumpiendo sus pensamientos el chico que ocupaba el asiento de al lado.

Quizás fue la sorpresa lo que hizo que en ese momento Lucia no se sintiera capaz de responder más allá de con una tímida sonrisa.

-¿Tímida yo??- pensó. Pero si yo podría ser cualquier cosa menos tímida- se indignó.

 ¿Qué le estaba ocurriendo?

– ¿A ti no te ocurre lo mismo? – Volvió a preguntarle mientras clavaba los ojos verdes en sus ojos verdes.

– Sí. Supongo que sí. Uno nunca sabe si este cacharro va a volver a aterrizar.

Pero qué demonios he contestado!!- pensé. Este cacharro!¿Cómo se puede dar una respuesta tan estúpida a alguien que te dice que tiene miedo?. Ohhhh! Esta situación no esta mejorando.

Analicemos la situación –repasó mentalmente. Un viaje a Berlín, un chico espectacular ocupa el asiento de al lado y parece que, además de guapísimo, es educado y le apetece charlar.

No seas idiota Lucia – se repetía una y otra vez mientras intentaba encontrar la manera de compensar su torpeza.

Efectivamente estaba absolutamente desentrenada. Sus respuestas deberían ser más ingeniosas, más…..adecuadas! A este paso no va a dirigirme la palabra más que para decir adiós cuando el avión haya aterrizado. – se dijo a si misma.

Es guapo, sí. Mucho! Y además parece inteligente…Ohhh! la combinación perfecta para dejarme sin palabras.

Los hombres inteligentes tenían para Lucia un poder que ella no podía controlar. La inteligencia le resultaba tan sexy y tan erótica! Quizás por ello siempre le habían llamado la atención los hombres mayores que ella. El poder que emanaba de una mente inteligente superaba a cualquier otra condición deseada por ella en un hombre, pero en este caso, el chico del asiento de al lado, parecía más joven, aunque igualmente irresistible.

– Perdona, soy Lucia. Lucia Álvarez – y con una de sus mejores sonrisas se presentó intentando compensar su torpeza.

– Mario. Mario Bertrán – dijo mientras clavaba su mirada en ella.

Mario Bertrán…..y mientras Lucia repetía su nombre mentalmente algo parecido a un escalofrío recorrió su estomago, sus brazos, su cuello y provocó un calor en sus mejillas demasiado intenso como para hacerlo pasar desapercibido.

– ¿Trabajo o placer? – preguntó.

Y en el momento que pronunció la palabra “placer” sus labios parecieron aumentar de volumen para convertirse en un sensual y apetecible bocado.

–  Ohh! –Trabajo. Una beca – le dijo mientras regresaba de su pervertido pensamiento.

– Ahhh, estudiante! Una buena chica estudiante….

¿Buena chica? Tanto se me notaba ser una buena chica. Sí, tal vez lo era, pero también podría ser una mala chica. Se dijo a misma en tono amenazador.

– Sí, bueno….debe ser que lo soy.

Ahí estaba Lucia. Esperando que Mario Bertrán le hiciese todo tipo de preguntas para ofrecerle cuantas respuestas necesitara. Sin capacidad para pensar en nada. Expuesta y vulnerable a su mirada, a su interrogatorio. Preparada para explicarle todo aquello que él quisiera saber. Absolutamente atrapada por la sensación que, hasta ahora, jamás había experimentado. Cautivada, por su voz, por su olor, por su presencia. Absorta en un silencio que se había creado alrededor de ellos y que ignoraba al resto de viajeros, al resto de tripulación, al resto del mundo. No entendía muy bien que estaba ocurriendo, no era capaz de descifrar que estaba sucediendo dentro de si, solo sabia que no quería que este vuelo acabase y que, a pesar de no saber nada de aquel hombre de ojos verdes y sonrisa perfecta, si le pidiese acompañarle al otro lado del mundo, probablemente podría decirle que sí.

Al final del pasillo la azafata empezó a avanzar con el carrito de las bebidas. Lucia pensó que quizás, una copa de vino, consiguiera relajarla y abstraerla de ese estado de tensión quinceañero en el que había entrado desde que Mario se había sentado a su lado. El alcohol siempre conseguía, en dosis controladas, hacer que sus nervios se distrajeran un poco.

– ¿Buenas tardes señores, van a desear algo para beber?

La azafata no miró a Lucia cuando preguntó. Claro! Él es mucho más guapo. Pero en un alarde de galantería y caballerosidad, Mario no contestó a la azafata y dirigió la mirada hacia Lucia en busca de su respuesta.

– Si por favor. Una copa de vino. Tinto.- contesta Lucia con la satisfacción rebosándole por encima de la ropa y provocándole una amplia sonrisa.

– Otra para mí por favor – le dice Mario sin quitar la mirada de Lucia y sin apenas considerar la presencia de la azafata.

La azafata les sirvió dos copas de vino y sacó el ticket de la maquina inalámbrica.

– No por favor. Déjame que te invite.- Le dice Mario adelantándose con un gesto rápido y ágil al darle un billete de 10 euros a la azafata quien sigue absolutamente eclipsada por la mirada de Mario.

– Gracias – sonrió Lucia.

Mientras tanto, por la cabeza de Lucia empezaron a pasear ideas poco coherentes y disparatadas. ¿Tal vez la encontraba atractiva? ¿Tal vez le gustaba? ¿Tal vez era un violador que estaba preparando el perfecto escenario de confianza entre su próxima víctima y él?

– Su cambio señor – y la azafata le devolvió una moneda de 2 euros brillante y resplandeciente como cambio a su billete.

– Toma – dijo depositando la moneda en la mano de Lucia mientras con la otra mano le cerraba su palma convirtiéndola en un puño que albergaba la moneda brillante.

Lucia le miró sin entender muy bien que estaba sucediendo y con un gesto interrogatorio y una expresión de duda le miró en espera de explicaciones.

– ¿Es la primera vez que vas a Berlín, no es cierto?

– Sí. –contestó Lucia.

– ¿Y no conoces a nadie allí? – le preguntó mientras sus palabras escondían un acertijo.

– No. Titubeó.

Ahora la idea de que fuera un violador preparando su ataque cobraba más fuerza! Y al tiempo que Lucia pensaba fugazmente en esa teoría le aparecíó una sonrisa que representaba miedo e intriga a la vez. La situación era excitante.

– Utiliza esta moneda sólo si necesitas llamarme – le dijo.

-¿Llamarle? ¿Me estaba pidiendo que le llamara? ¿O acaso esperaba que lo hiciera? Pensó Lucia mientras le miraba atónita.

Tal vez se tratara sólo de una broma  para convertir el momento en divertido. Tal vez era un bromista y le estaba tomando el pelo, pero Lucia se sentía extrañamente atrapada en aquel momento del que ni podía ni quería escapar.

Todo era demasiado confuso. Un hombre perfecto se sentaba a su lado, le daba conversación, le invitaba a una copa de vino y le entregaba una moneda para que pudiera llamarle. Por el amor de Dios! Si estábamos en el año 2000!

-¿Quien utiliza ya una cabina de teléfonos para llamar? -pensó Lucia-

Pero no dudó en guardar la moneda en la cartera agradeciéndole el gesto que había tenido. Quizás se trataba de un juego, de un simple juego para mantener el contacto.  Quizás había un mensaje subliminal en aquel gesto que ella en estos momentos era incapaz de descifrar pero que más tarde descubriría. Quizás. No lo sabía pero confiaba en él.

Confiaba en él y en lo que acababa de hacer. No sabía por qué pero era así. No le conocía, no sabía quien era, únicamente sabia su nombre, su apellido y el color de sus ojos, pero confiaba plenamente en él. Eso es lo único que tenía claro.

Esa sensación de confianza absoluta no tenia precedente para Lucia. Jamás había sentido esa libertad al mirar a alguien y esa sensación, le reconfortaba en lugar de asustarle. Era mágico, era sensual y era tremendamente íntimo.

– ¡De acuerdo!- sonrió Lucia. Y pensó en guardar su moneda en la cartera a la par que se daba cuenta de que sus movimientos, su manera de hablar, de sonreír y de mirarle habían cambiado.

Ahora Lucia se sentía más mujer, más capaz, más deseada, y incluso, presa de ese animal depravador que con sólo mirarla la desnudaba.

Detrás de ese galán, detrás de ese caballero correcto, educado y  perfecto, Lucia veía a un chico seductor y pasional, aunque sólo contaba con su percepción para juzgarlo. Su percepción o quizás  su deseo de que así fuera.

–  ¿La guardarás bien? – le dijo mientras aún sostenía su mano.

–  Sí, lo haré – le susurró ella igual de seductora que él.

Y mientras liberaba su mano para que pudiera guardar la moneda, un escalofrío le recorrió toda la espalda y Lucia volvió a sonreír.

Continuará….

 

 

 

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