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Hace un tiempo, motivada por la influencia que muchas mujeres de mi entorno causaban en mi, motivada por las múltiples coincidencias en las que todas ellas convergían, advertí que, en esa franja que rodea los 40, suceden cosas. Cosas que tienen que ver con almas de mujer, búsquedas de sitio, planteamientos existenciales, necesidades diferentes, reafirmaciones de propósitos y definición de despropósitos, tejiendo así bajo sus emociones una Segunda Piel.

Los 40….es un tiempo en el que se despiertan algunas inquietudes y suceden cosas…..

Hace un tiempo,…. alentada por todas esas historias que llegaban a mi en forma de confesiones, empecé a analizar -en silencio y conmigo misma- el efecto de los 40…y se me ocurrió empezar a escribir.

Igual que empecé, lo dejé….y mi propósito hoy es rescatar aquellos capítulos y compartir esa historia a “medio escribir” a vuestro lado. Desde la humilde pretensión de que me ayudéis, con vuestros comentarios, a seguir dándole forma y cuerpo a este cuento. Será como una novela por entregas….por pequeñas entregas….espero no defraudaros. 

Yours, April

Capítulo Primero 

Había pasado tanto tiempo que tenía dudas. Siempre las tuvo de hecho. Pero la tentación era mucho más fuerte que su sentido común y fue incapaz de negarse cuando él se lo pidió.

Le conocía desde hacia muchos años y siempre había sentido algo especial por él. Si hubiese que describir ese “algo”, probablemente sería una descripción bastante ilógica e incongruente, muy lejos de cualquier descripción amparada por la razón -extraño en alguien tan metódico como ella-. 
Él nunca había alimentado en exceso ese juego y ello le planteaba serias dudas acerca de la reciprocidad del sentimiento. Nunca había mimado demasiado sus insinuaciones y desde luego, no había promovido la mayoría de sus encuentros pero, aun así, ella seguía sintiendo una atracción especial hacía él y presa de la esclavitud emocional que ello suponía, seguía sintiéndose cerca de él en cada uno de los momentos que habían compartido. Como amigos. Sin esperar más que estar cerca, simplemente por puro placer.

Así pues cuando Mario le propuso que quería verla en su casa, primero tembló, y después se planteó si realmente debería ir. Pensó en si eso le supondría algún riesgo para su integridad, si realmente ese encuentro podría hacerle cuestionar y tambalear sus propios valores. Consideró si merecía la pena, y lo cierto, es que en este momento de su vida en el que nada tenía demasiada fuerza ni demasiado sentido, el riesgo tal vez sería menos intenso aunque la tentación fuese enorme.

Sabía que en ciertos escenarios iba a ser prácticamente imposible reprimir y esconder su deseo y que, si él decidía avanzar, probablemente ella iba a ser incapaz de negarse.
Dotado de un sentido absoluto del autocontrol, Mario sería capaz de decidir en todo momento cómo transcurriría la noche. Era un experto en calcular y controlar emociones y reacciones. De él dependía qué podía ocurrir y que no, y además, sabía perfectamente cual era el poder que tenía sobre ella. Jugaba con ventaja y a pesar de ello, era una ventaja que pocas veces había utilizado. Eso le honraba.

Lucia se maquilló con mucho detalle, escogió un sugerente modelo de ropa interior, negro. Pensó que quizás sería demasiado evidente que su ropa interior fuese extremadamente sexy y provocativa pero, en el fondo, necesitaba sentirse deseada aún antes de descubrir su cuerpo y sabía que vistiendo esa ropa interior se sentiría sensual y admirada. Paseó por su vestidor una y otra vez intentando encontrar la combinación de ropa más adecuada. Si optaba por unos vaqueros y algo casual, le estaría demostrando que aquello no era una cita que le supusiera intranquilidad pero, perdería la oportunidad de mostrarse realmente bella ante él. Si escogía algún conjunto más propio de trabajo, era excesivamente formal, iría arreglada pero corría el riesgo de estar demasiado seria y parecer mayor. Finalmente, se decidió por un vestido negro, uno fácil de dejar caer al suelo si la ocasión lo exigiera. Un vestido con la espalda escotada y de tacto suave y liviano que le marcaba las curvas y le hacía unos pechos bonitos. Unas sandalias altas y pocos complementos. En ese momento justo recordó las palabras de su madre cuando le advertía que siempre, menos en más!

Se perfumó -especialmente en aquellos rincones a los que sólo se accede preso de un derroche de pasión- y se convenció de que podía sentirse bella y sexy ante él por una noche. Una sóla noche.

Decidió hacer de ese momento un momento único. Decidió que iba a ser especial y decidió que quería disfrutarlo, pausadamente, en previsión a que quizás sería ésta la última vez que se atreviera a hacerlo. De hecho, jamás antes había tenido la oportunidad ni la había buscado y algo le decía que esta noche podría ocurrir.

Salió de casa en busca del coche. Caminaba lenta y pensativa y en ese momento se dio cuenta de que necesitaba un cigarro.  Fumar solía calmar su tensión. Repasaba una y otra vez en su mente como sucedería. Sentía unas enormes mariposas en el estómago que le impedían incluso respirar y entonces, recordó el tiempo que hacía que no tenía esa sensación de adolescente. ¿cuándo dejó de sentirlas? y su rostro entristeció por momentos.

Mientras pensaba, se planteaba si sería capaz de volver a desnudarse delante de otra persona. Habían pasado demasiados años desde la última vez que lo hiciera. Su cuerpo había sufrido algunas batallas que habían dejado –inevitablemente- muestras de la violencia del tiempo a su paso. No se sentía demasiado orgullosa de sus pechos que habían caído tras la maternidad y habían perdido ese aspecto redondo y terso, ni de sus caderas, que siempre fueron algo anchas,  pero deseaba tanto entregarse a él que por momentos olvidaba y superaba ese pánico escénico que le suponía pensar en ese instante.

Nadie la había visto desnuda desde hacia mucho tiempo, no había sido infiel antes con nadie y todo eso la aterraba. Eran demasiadas primeras veces. Sabía que era cuestión sólo de unos minutos -los primeros- aquellos que darían paso a una pasión desbordada y que le harían olvidarse de quien era en realidad, de cómo era su cuerpo y de que consecuencias podría tener en ella y en su vida aquel paso que, de manera decidida, estaba a punto de dar.

Aparcó el coche cerca de su casa. Jamás había estado allí antes y intentó hacer un recorrido visual para situarse. Localizó el edificio y caminó decidida y rápida hasta allí.  

Una vez en la puerta, respiró, miró hacia arriba intentando alcanzar con la mirada el balcón de su casa y por momentos deseó que nadie contestara al timbre. Incluso pensó en la conveniencia de enviarle un último mensaje preguntándole si de verdad quería verla, pero el miedo a recibir una respuesta de negación le borró de la mente esa idea. ¿Y si él sintiera su inseguridad? ¿y si, como los perros de caza, él oliera su miedo? No podía arriesgarse. La decisión estaba tomada.

Llegó el momento. Volvió a respirar y picó al timbre. Ya está! –Pensó- ahora ya no puedo salir corriendo.

Continuará…..

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