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Si echo la vista atrás, recuerdo aquellas fotos que forraban por completo las carpetas escolares y que nos daba una idea más que precisa del tipo de hombre que gustaba.

En mi tiempo la mayoría de mis amigas llevaban a Tom Cruise (en competencia directa con Rob Love), las habían románticas que mostraban a James Dean o Alain Delon, o transgresoras (creían ellas claro!) que se encantaban con pseudónimos de heavies metal como Bon Jovi. Las había quienes empapelaban la carpeta con todo un metrosexual de los 80′ como George Michael o a un inmaculado y aún hoy objeto de deseo como Richard Gere.  No había pérdida. Según a la “tribu urbana” a la que pertenecieras, el elenco de famosos dignos de forrar carpetas eran unos u otros. Hoy en cambio –   y que me perdonen las jovencitas que puedan ofenderse si no se quien es el (o los) chico de moda- supongo que los hombres “guapos” son mas efímeros y pasajeros. El protagonista de la última película de “moda” puede ser remplazado fácilmente por el último cantante en alcanzar el número 1 en las listas musicales y éste por el futbolista, modelo y/o torero que esa semana haya ocupado más minutos televisivos o más páginas en la prensa rosa. Se convierten (y desconvierten) fácilmente, y con inminente fecha de caducidad, en “it man” (porque aunque nos cueste utilizarlo, también es aplicable el termino para ellos) y remplazan así al “chico que forra carpetas” por un tipo guapo sin currículo y sin proyección más allá de la semana de fama que le toque vivir.

Dejarme que os diga que, aunque suene a tópico, en mis tiempos los galanes y los “chicos que forraban carpetas” lo eran para siempre, y envejecían (igual que lo hacemos nosotras) manteniendo el rango de chicos guapos de manera eterna (o por lo menos hasta acabar el curso!). Seria capaz de forrar hoy, veinte años después, mi agenda de trabajo con la foto de Miguel Bose. ¿Y por qué no? Su mirada sigue emocionando, su sonrisa sigue siendo irresistible y a pesar de los años (La Vanguardia publica el pasado domingo que ya son 56), sigue estando estupendo y es absolutamente impermeable a los tiempos y a las nuevas tendencias. ¡Esa es la muestra! nuestro enamoramiento era para siempre y éramos fieles a nuestros principios de admiración.

A pesar de mi fidelidad a ellos, …No nos engañemos! guapos muy guapos de hoy irrumpen en ese pódium que ocupan los “guapos históricos” para hacerse un hueco entre los deseos de las menos jovencitas, de manera que, no renunciaría a forrar mi agenda profesional con los abdominales de David Beckman (quien probablemente dentro de 30 años siga resultándome sexy e irresistible), porque a pesar de ser futbolista y de no pertenecer a la tribu de los 90′ el chico esta más que estupendo! pero cuando me refiero a los eternamente guapos, no hablo sólo de un aspecto inmaculado…..hablo de una sonrisa, de la profundidad de una mirada, de un estilo incomparable e innato que lucen hasta en camiseta, de un saber hacer y saber lucir que les resulta fácil porque han nacido para ser iconos. Son esos atributos que permanecen intactos al paso del tiempo. Es así! son eternamente guapos porque irradian un sex-appeal que sólo algunos poseen (y otros muchos envidian) y que confirma, una vez más, que la belleza no es sólo física.

Ahora en la treintena, las carpetas escolares han sido remplazadas por los álbumes de fotos en los IPhone’s  y que…me perdone mi marido, pero….debo confesar que en el mío llevo fotos de Miguelito (Bosé), Jude Law y el increíble Beckam. Tal vez como excusa para comentar en las reuniones femeninas o…por qué no? para deleitarme la mirada mientras espero en la consulta de un médico o cuando en la tele no dan nada.

Igual que cuando con quince me embelesaba mirando la carpeta del instituto. Igual, pero ¡sin tener quince!

Yours, April

  

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