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Debería estar establecido por ley. Adaptación  progresiva a la jornada laboral post vacacional. Señores! Cómo, después de todo un mes de merecidas vacaciones se supone que podemos alcanzar el ritmo laboral con sólo un chasquidito de dedos y diciéndonos a nosotros mimos…”vamos! Que es 1 de setiembre y son las 7am!” ??. Cómo, después de un mes repleto de sol, charlas, descanso…cómo podemos encerrarnos sin pausa durante más de 8 horas y no entrar en depresión? Propongo instaurar esos planes de adaptación progresiva como el que tienen los niños de P3 cuando inician su carrera escolar:  Un par de horas el primer día, (pero sin madrugar por supuesto) y en lo sucesivo ir incrementando las horas de dedicación hasta alcanzar las malditas 8 horas que marca la Directiva del Tiempo del Trabajo que marca la Unión Europea –Working time directive 32003L0088 4/11/2002- (aunque en España las jornadas medias laborales se incrementan 1 hora por encima de la media europea llegando a 41h semanales).

Dicen que el trabajo dignifica. Cierto! Pero dejarme que os diga que me siento mucho mas digna cuando me levanto a las 9 y desayuno sin prisas mientras miro la prensa diaria en el porche de casa adivinando los primeros calores del día. Planeando en mi mente la jornada playera y escogiendo el bikini.  Escuchando buena música mientras me paseo por casa sin que el reloj acelere mis movimientos. Me siento mucho más digna cuando puedo escoger dónde, cómo y en compañía de quién comer, sin tener que comprobar antes la agenda. Me siento mucho más digna cuando la sobremesa se alarga con una buena conversación sin engullir el almuerzo para llegar a contestar algunos emails que esperan en la bandeja de entrada. Y me siento infinitamente más digna cuando las tardes al sol se dilatan hasta el anochecer en los chiringuitos de la playa con un buen Gin-tonic  que propensa las interminables conversaciones mientras escucho Chill-Out.

El Verano abre las puertas del alma, relaja los músculos faciales y la melanina aumenta para regalarnos un magnifico bronceado. Aquel bronceado,  al que le bastan tan sólo un par de días de luz artificial para remplazarse por un demacrado y pálido blanco necesitado de la cosmética para lucir digno . El Verano nos hace más amables, más sociables y más simpáticos. Nos sentimos más guapos (y lo estamos), nos apetece salir más, reír más y también nos apetece más sexo (porque nos sentimos más guapos…..). Así que el Verano saca lo mejor de todos nosotros y convierte el mundo en un lugar más amable.

De manera que cuando regresamos de nuestras vacaciones, y agotamos esos primeros días de emoción de “vuelta al cole” en los que en las cocinas, offices y máquinas de café se aglutinan múltiples empleados luciendo sus pieles bronceadas, manteniendo sin descanso unas intensas sonrisas y explicando sus viajes y experiencias, una vez agotados esos primeros días, no quedan demasiadas alternativas más allá de la depresión post-vacacional y por lo tanto es licito sentirla.

Cuando ocurra, cuando sintáis que lo que merecéis es continuar de vacaciones, intentad cerrar los ojos durante un minuto y volver al mejor momento de vuestras verano….apuesto a que una ligera sonrisa inunda vuestros labios y recuperáis el bienestar por unos instantes .

Por ultimo, permitirme que haga una reflexión en voz alta….si esto nos ocurre cada año, si tanto esfuerzo nos cuesta abandonar ese estado de relax al que llegamos cuando desconectamos del trabajo… no deberíamos plantearnos de qué manera vivimos esos 330 días de ocupación laboral?? ¿No deberíamos plantearnos si ser productivos no debería ir en detrimento de la conciliación?

Si somos capaces de customizar nuestro “yo” a placer durante las vacaciones ¿por qué no ser así de felices el resto del año? Todo esta en nuestra mente. Creerme.

Yours, April

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