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11 meses o lo que es lo mismo, más de 330 días esperando que llegue el tan ansiado mes de vacaciones.

Uno invierte probablemente el último trimestre previo a las vacaciones a mirar, reservar, ojear ofertas hoteleras, destinos y a preparar agendas sociales, de manera que, cuando llega el momento, normalmente nuestros planes superan con creces la capacidad que tenemos de llevar a cabo tantos compromisos.

Los primeros días los invertimos en organizar maletas, pero también en solucionar aquellos detalles logísticos que vamos reservando durante el año para cuando tengamos “tiempo” (médicos, bancos, cambios de direcciones, renovaciones de carnets….) Compras de última hora: “no tengo bikini”, “me falta la crema solar”…luego llega la partida al viaje con los streses correspondientes, de manera que, al llegar al destino y suponer la tranquilidad pretendida, nos encontramos con una agenda de visitas culturales y a monumentos tan apretada, que de regreso, estamos más agotados que antes de marchar.

Cuando llegamos de nuevo a la ciudad ponemos en marcha la agenda social. Durante el año se hace complicado organizar cenas y comidas así que disponemos de ese tiempo y iniciamos una super organización tal que, los desayunos se solapan con las comidas y nos vemos obligados a correr para llegar a las cenas. Disfrutamos como no! pero de nuevo nos vemos inmersos en la locura de querer abarcar más de lo que podemos y por consiguiente privándonos del absoluto disfrute de la compañía de nuestros invitados.

Y debe quedar tiempo para arreglar ese armario, para leer esos artículos que vamos almacenando, de cambiar aquella cómoda de sitio, de renovar los cuadros de la sala, de…..y de nuevo la agenda se llena de listas y de pos-its enganchados en la nevera que nos sugieren y nos recuerdan cuánto queremos hacer.

Y entonces nos planteamos si hacemos lo correcto. Si no debiéramos chascar los dedos, cerrar los ojos, y retirarnos a una montaña solitaria sin más oferta que la de sentir los pájaros y escucharnos a nosotros mismos. Nos preguntamos si no deberiamos utilizar ese tiempo para relajarnos de verdad y escuchar lo que queremos y lo que necesitamos. Lo que nuestro cuerpo nos pide. Saber quienes somos y hacia donde queremos ir durante el próximo año que empieza porque, no nos engañemos, el año empieza en Septiempre y no en Enero!!

Trazamos en nuestra mente los nuevos proyectos: hacer más deporte, cuidarnos más, pasar más tiempo en casa, comer mejor…..y descubirmos que el año que dejamos atras tras las vacaciones, es ya un tiempo perdido.

Todas nuestras “nuevas” espectactivas se dibujan ya cara al próximo trimestre y todo cuánto no hayamos hecho ya…..dificilmente lo haremos en lo que nos queda de año.

No obstante, y con ánimo de no ser pesimista, hay también tiempo para la reflexión….guardar un rinconcito de tiempo y no dejéis de utilizar este momento estival para hacer una lista (me encantan las listas!!!) de aquellos que deseais y no habeis conseguido y de aquello que habeis hecho y podriais mejorar, y si podéis, que la vuelta al cole sea con un moreno estupendo y una sonrisa que enseñe al mundo que, vuestro verano, ha sido genial!

yours, April

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