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Llega un día en el que toda mujer encuentra que ha llegado el momento. Su momento.

Sin previo aviso, sin que unas circunstancias concretas se den…sencillamente porque así lo siente. Es lo que muchos se empeñan en llamar “reloj biológico” y a pesar de que otros muchos (en su mayoría hombres) se resistan a creer que es una necesidad realmente fisiológica, debo deciros que las que ya hemos sido madres , sabemos que es una realidad.

El momento llega normalmente desde una situación social, económica y familiar estable, aunque a falta de situaciones de estabilidad, muchas deciden dar el paso en solitario y acuden a buenos amigos, a donantes anónimos o a víctimas de la noche que a cambio de placer vivirán engañados sin saber que un hijo propio camina por el mundo perteneciendo a ese gran colectivo tan contemporáneo denominado “Familias monoparentales”.

La hembra (aquí hembra pretende inspirar el significado de la mujer como procreadora) reconoce en una etapa determinada de su vida la necesidad de sentirse madre y a pesar de que , salvo excepciones, el derecho a la maternidad es algo que de manera natural convive con nosotras sin planteamiento previo, solamente cuando el reloj se activa es cuando exigimos los beneficios de esa, nuestra capacidad.

Y cuando lo hacemos, reclamamos además la inmediatez y el no margen de error. Nunca previo a ese momento de “iluminación divina” nos habíamos imaginado  que existiría la posibilidad de no poder cumplir nuestro deseo. Ni cuando teníamos diez años y jugábamos a sentirnos mamas con nuestras muñecas o cuando con quince visualizábamos nuestra foto futura ideal de familia (en la que por supuesto habían por lo menos un par de niños….y el perro!. Pero a veces pasa. A veces ocurre y no sale bien a la primera. Entonces los intentos desesperan, la paciencia merma y el sentimiento de frustración aflora mensualmente junto con el periodo, señal de que no se concibió bebé alguno. Ahí  es cuando realmente entendemos cuan de importante es para la mujer el poder realizarse como madre.

Sientes la injusticia sobre tu persona y casualmente, el mundo se inunda de mujeres en cinta que te recuerdan que tu no eres una de ellas. Y llega con ello la obsesión, diagnosticado como uno de los mejores anticonceptivos.

Surge entonces la autorreflexión….¿Por qué yo? Y resulta injusto que muchas otras mujeres puedan realizar su sueño pero no tu.

¿Se desea entonces más de lo que se deseaba antes de saber que no se podía?¿es real esa necesidad o la incrementa el hecho de saber que quizás no será posible? ¿Tan arraigado esta en el ADN femenino la maternidad que privarnos de ello puede contribuir tan exageradamente a la infelicidad? Probablemente si; Y probablemente ese derecho es mucho más legitimo que cualquier otro puesto que es el único derecho que ni hemos ganado ni hemos perdido gracias (o por culpa de) a la igualdad de genero, a la modernidad de los tiempos, a las crisis, a las guerras, a las épocas de bonanza…..es el único derecho que siempre hemos tenido y que (por ahora) sólo ha ostentado la mujer.  Quizás por ello nunca seremos del todo iguales.

Yours, April

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